Pastoralismo, una forma de relación entre humanos y animales

Autor: Raúl Selva

Traductora: Ana Beatriz

En marzo pasado, Qu Dongyu, Director General de la FAO, hizo una definición muy concisa de pastoreo: “una estrategia vital, empleada por millones de personas en todo el Sahel para convertir recursos naturales escasos y variables en una fuente sostenida de alimentos nutritivos, ingresos y medios de vida viables”. No es solo en el Sahel donde esta estrategia es importante, pues históricamente los pastores nómadas han tenido presencia en zonas de casi todo el planeta, con especial importancia en las zonas secas moderadamente pobladas donde las estrategias de caza-recolección han sido más complicadas. Como dijo Qu Dongyu, el pastoreo tiene la capacidad de hacer habitables áreas con recursos escasos y variables. A diferencia de la agricultura, el elemento clave en la función del pastoralismo es su gran capacidad de resiliencia, que permite a las personas superar amenazas ambientales como sequías o plagas. Aunque las estrategias de adaptación del pastoreo pueden ser muy interesantes para otro artículo, lo que se centrará aquí es la relación de estas comunidades con los animales de pastoreo.

Las sociedades humanas siempre han vivido en contacto con los animales. Incluso hoy, en una época de explotación del medio ambiente y marginación de los animales, muchas personas tienen mascotas como perros o gatos. Otros incluso montan a caballo para entretenerse. Aunque estos animales tienen una importancia vital en la vida de los humanos que los poseen, la dinámica en sus relaciones ha cambiado mucho. El pastoralismo es un buen espejo en el que comparar y observar estas diferencias. Mientras que la persona que monta a caballo solo puede verlo e interactuar con él tres o cuatro veces por semana y el que tiene un perro pasa mucho tiempo alejado de él (no hay intención de juzgar estos comportamientos, ya que son los consecuencia lógica de un sistema que requiere largas jornadas de trabajo en espacios cerrados), los pastores tienen una estrecha relación con los animales, que prácticamente se convierten en compañeros de vida. Para aclarar estos argumentos, presento los siguientes ejemplos de sociedades pastoriles en el área del Sahel.

Los somalíes son un grupo étnico que evidentemente habita en la zona de Somalia. Son los mejores cuidadores de camellos del mundo (hay alrededor de 16 millones de camellos en Somalia). Su vida gira en torno a la crianza de los camellos. Su nivel de sinergia con estos animales ha llegado tan lejos que, al llegar a un abrevadero después de una larga caminata sin agua, son capaces de hacer beber ordenadamente a los camellos con solo llamarlos por su nombre mientras cantan. Los camellos esperan su turno. Todo el proceso toma de cinco a mediodía.

Un hombre somalí. Los somalíes son las únicas personas en África con barba roja. Lo tiñen con henna.

Especialmente interesante es el ejemplo de los dinka, un grupo étnico de Sudán del Sur cuyos animales de pastoreo son las vacas. No tienen casa, así que cuando llega la noche, simplemente ponen las vacas en un lugar (alrededor de diez mil) y duermen. Todas las mañanas, antes de moverse, limpian el cuerno de los toros. Su relación con sus animales de pastoreo es tan fuerte que cuando nace un niño, buscan una vaca y le dan el mismo nombre, comenzando con esta una relación que terminará solo con la muerte de uno. Viven juntos y el niño tiene que cuidar a la vaca todos los días de su vida.

Un niño dinka cubierto de ceniza. Usan la ceniza para protegerse de los mosquitos.

La etnia Messiria también tiene una interesante relación con las vacas. Son las únicas personas en el mundo que los montan. Como se podrían enumerar muchos ejemplos, hay grupos de pastores en el área del Sahel, pero el espacio es limitado.

Lamentablemente, la dinámica nómada de estos grupos, en un contexto poscolonial de estados con fronteras delimitadas, pone en riesgo la situación de relativa paz en la que vivían. Los conflictos entre etnias son cada vez más comunes y son aprovechados por los poderes políticos y económicos. La protección de estas comunidades pastoriles es urgente, no solo por la importancia ecológica de estos grupos tan aptos para vivir en tierras semiáridas y mejorar los niveles de resiliencia de países con sistemas alimentarios vulnerables, sino también por la importancia antropológica de estos formas alternativas de interactuar con los animales, lo que implica que no es necesario rechazar nuestra relación con ellos para no dañarlos.

Bibliografía:

Blench, R. (2001). Pastoralism in the new millennium. Food and Agriculture Org.

Emsden, C. (2022). «Pastoralism: Supporting livelihoods, building peace». FAO. Available in: https://www.fao.org/newsroom/detail/pastoralism-supporting-livelihoods-building-peace/en

Seligman, B & Seligman, C. G. (1932). Pagan tribes of the Nilotic Sudan. London: George Routledge & Sons.

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